La increíble cadena de mentiras que terminó con políticos acusados de participar en la red de Spiniak

Fue uno de los mayores escándalos de la transición a la democracia: políticos involucrados en una red de explotación sexual de menores, en la que incluso se asesinaba a niños en medio de orgías en las que también participaban poderosos empresarios. El problema, comprobaría después la investigación judicial, era que todo eso era falso. Claudio Spiniak, el protagonista de la trama, acaba de fallecer a los 77 años. Los periodistas Ana María Sanhueza y Pablo Vergara reconstruyeron la historia en el libro “Spiniak y los demonios de la Plaza de Armas”, del que ahora publicamos un extracto.

El caso partió luego de que Claudio Spiniak Vilensky —quien acaba de fallecer a los 77 años mientras estaba hospitalizado en la Clínica UC San Carlos de Apoquindo debido a una neumonía, según revela su certificado de defunción—, fuera detenido por porte de cocaína. Luego del procedimiento allanaron su casa, donde además encontraron armas y 80 videos pronográficos caseros. En ellos se veía a Spiniak participando en orgías junto a adolescentes. Era mediados de 2003.

El contenido de esos videos alimentó las especulaciones en los mentideros de Santiago, y pasaron pocos días desde la detención de Spiniak hasta que se instaló en diarios y revistas que políticos participaban de las fiestas del empresario, quien había heredado una fortuna familiar. Por entonces era el dueño del gimnasio más exclusivo de la capital.

Se habló que cinco dirigentes políticos participaban en las fiestas; de 20 empresarios que también acudían a las orgías que se desarrollaban en el barrio alto; de niños desaparecidos; de menores siendo sodomizados; de videos con primeros planos de hombres poderosos participando en el horror.

Pero nada de eso era cierto. El libro “Spiniak y los demonios de la Plaza de Armas”, de los periodistas Pablo Vergara y Ana María Sanhueza, desmenuza la historia y a cada uno de sus protagonistas.  

Lo cierto: Spiniak organizaba fiestas donde se practicaba el sadomasoquismo y en las que el agredido era él; utilizaba a proxenetas para que le llevaran a adolescentes que vivían en las calles, a quienes les pagaba y les daba alcohol y drogas; financiaba la explotación sexual de esos menores; a veces grababa parte de esas orgías; llegó a gastar cerca de un millón de dólares comprando droga.

Lo falso: nunca se acreditó la participación de niños en esas fiestas salvajes; en los videos no aparecen ni políticos ni otros empresarios, tampoco figuras del espectáculo, como se especuló entonces; en la historia no hay menores desaparecidos, ni nadie fue asesinado.

Como precisa la periodista Ana María Sanhueza en un artículo publicado este sábado en El País, Spiniak “fue condenado en 2008 a 12 años de presidio como autor de cinco abusos sexuales a menores de edad, que eran adolescentes, promoción de la prostitución y producción de material pornográfico. Estuvo detenido en la Cárcel de Alta Seguridad, desde donde salió en 2013. En adelante vivió recluido en una parcela, en el campo, en las cercanías de Santiago”.

¿Cómo se encadenaron las mentiras que terminaron provocando un incendio político en el Chile de la transición? El libro de Sanhueza y Vergara cuenta que todo partió con un artículo de la revista Plan B (ya extinta), firmado por el periodista Víctor Gutiérrez, donde se afirmaba la participación de políticos y poderosos en las fiestas de Spiniak. Poco después, una diputada de Renovación Nacional, María Pia Guzmán, afirmó en el matinal Buenos Días a Todos que había dos parlamentarios de la Alianza por Chile (UDI y RN) y uno de la DC involucrados.

Esa denuncia fue respaldada por la aparición de la llamada “testigo estrella” del caso, Gemita Bueno, quien acusó al entonces senador Jovino Novoa (UDI) de haberla abusado sexualmente. También dijo que había estado secuestrada durante un año en una casa de Spiniak en El Arrayán, y que sabía sobre una niña desaparecida. Todo eso fue descartado por la investigación judicial. Gemita Bueno terminó condenada por falso testimonio. En una célebre entrevista concedida a The Clinic, dirá después: “Me pasé por la raja a todo Chile”.

A continuación reproducimos un extracto del libro “Spiniak y los demonios de la Plaza de Armas”. Es el capítulo nueve, donde se relata en detalle la concatenación de hechos que llevaron a María Pía Guzmán a denunciar en televisión la participación de políticos en las fiestas de Spiniak.

***

10 de octubre, 2003 

Jorge Hevia es un accidente. A las ocho de la mañana María Pía Guzmán en realidad podría haberle dicho lo mismo a cualquiera que le hubiera puesto un móvil y un micrófono cerca. A Jorge Hevia le tocó, nada más. Sin que la apuren ni presionen, consultada por un rumor, y bien alabada como seria, la estrella de RN en materias de delincuencia y ex gerenta de la mercurial Fundación Paz Ciudadana decide reventar a la Alianza por Chile y la candidatura de Joaquín Lavín. Son las ocho de la mañana del 10 de octubre. Hevia dice: 

-Diputada, como un rumor y preguntándole a usted como una mujer muy seria, que lo ha demostrado en el tiempo… Existe el rumor de la presencia en esta red de pedofilia de un parlamentario de su sector. ¿Lo ha escuchado? 

-Sí. Sí, lo he escuchado. Y bueno, si cometió esos delitos deleznables con niños… Si aquí no importa el color político. Lo que importa es que estas personas que cometen este tipo de crímenes horrendos contra niños, estén en la cárcel. 

-¿Y se sabe la identidad de ese parlamentario, diputada? -quiere profundizar Karen Doggenwailer. 

-Yo no las sé. Sé que, de la Alianza. También me ha llegado que son tres políticos. Habría alguien de la Democracia Cristiana. El tercero, no tengo mayores noticias. 

-Diputada ¿y ellos habrían participado en las fiestas? -ahonda Catarí Loguercio, la periodista que la entrevista en terreno, frente a un parque de Providencia. 

-Estarían, no sabemos si en las fiestas, si en los chateos. Aquí ustedes saben que hay una doble criminalidad. Por un lado, orgías sadomasoquistas, bueno: con látigos, con arneses de cuero, con la violación sodomítica de los niños, con penetración de objetos. Todo eso con primeros planos de los videos. 

La diputada blufea porque esa es la única y última vez que alguien hable de chateos en la red de Spiniak. Qué hablar de primeros planos de famosos en las grabaciones. 

Horas más tarde, en la sede de Renovación Nacional, Guzmán explica lo que quiso decir. No retrocede. 

-Hay antecedentes que estarían involuc… no involucrados. Estarían personas de la política, de la Alianza por Chile y la DC, y que la jueza lo está investigándolo, eso lo están haciendo las policías y ellos serán los llamados a dar los nombres que correspondan. 

Mentira. La jueza Eleonora Domínguez hace cualquier cosa menos investigar a esos políticos. Qué hablar de la policía, uno de los entes “llamados a dar los nombres que correspondan”. 

Hay antecedentes. Los únicos antecedentes que maneja a esa hora Guzmán tienen nombre y apellido: Claudia Fuentes, la directora de la ONG Alerta y Respuesta contra el Abuso Sexual Infantil, ARASI, otra estrella de matinales y de revistas de couché. Su colaboradora en la cruzada contra los abusos sexuales que terminó por cortarle la cabeza. Con entenderlas a ellas, se comprende al menos una parte de ese 10 de octubre y del peor fin de semana de la UDI. 

* * * 

Agosto de 2002. “Pía Guzmán y las peligrosas huellas de la nueva red de pedofilia”, titula la revista Caras. Sobre el couché, una sonriente diputada enfundada en un chaleco negro mira la cámara. La contradicción es evidente con el título de su entrevista y el sombrío epígrafe que trata de explicar lo que se viene: “Ha trascendido que la integrarían empresarios, ejecutivos y artistas”. 

Es otra época. El sol brilla sobre Guzmán. 

La entrevista amenaza. María Pía Guzmán, dice, habla en una franca conversación y confiesa su temor a Investigaciones y a que involucren a su hijo en drogas. Asegura que desconfía de Nelson Mery, el entonces perpetuo director de la policía civil. 

La escena es rara. La periodista cuenta que Pía Guzmán esta consternada por los resultados de la investigación y captura de la red Paidós y que muestra las fotografías de los niños atrapados por esa organización. Pero, agrega la nota, sobre su escritorio hay otra carpeta que ella prefiere no abrir: tiene imágenes reales de menores asesinados tras ser víctimas de abusos sexuales. Películas snuff, ése es el horror de la diputada en ese agosto del 2002. 

-En Chile no me atrevo a asegurar que no exista -advierte. 

Pía Guzmán y la periodista hablan de otra comunidad de pederastas, “cuya integración aún se desconoce, por estar protegida por el secreto sumarial. Sin embargo, la diputada asegura que la nueva red pedófila estaría dirigida por empresarios, altos ejecutivos y artistas. El suyo es un circuito que ofrece videos de pornografía infantil en millones de pesos”. 

-Es una red de alta sofisticación, a la que resulta muy difícil ingresar, porque tiene una capacidad de bloqueo muy grande y está integrada por personas demasiado poderosas -explica Guzmán. 

Cada pregunta de la periodista es contestada con frases intrigantes: “Fuentes judiciales señalan que habría algo semejante”y “sé que es una de las teorías que se maneja…”, cuando le preguntan si le consta la existencia del grupo. 

Quince días más tarde, en la misma revista, aparece Claudia Fuentes, de ARASI, advirtiendo que “la pedofilia golpea en los sectores altos” y que algunos familiares de parlamentarios son víctimas de abusos. 

Fuentes, además, tipifica las organizaciones de pornografía infantil que existen en Chile: los que compran material pornográfico “pero que no abusan de niños”; los “boy lovers”; y un tercer grupo, de crimen organizado, dedicado a la producción y venta de material. En Chile, asegura, existe una red poderosa que manda a hacer los videos al extranjero (“un video llega a costar entre cinco millones y treinta millones de pesos”). Fuentes, aparte de denunciar turismo sexual en hoteles cinco estrellas, dice haber visto un video en que un niño de 10 años “mataba de manera brutal a una persona y cometía otro tipo de aberraciones sexuales indescriptibles”. 

Aunque no se crea, ninguna de las dos cuando habla de la red se refiere a Claudio Spiniak y sus proxenetas; las dos hablan de otro grupo, de la red que siempre está presente; de la mafia. 

* * * 

Congreso Nacional, miércoles 8 de octubre de 2003. María Pía Guzmán y Claudia Fuentes se abrazan. Acaba de aprobarse en el Senado el endurecimiento de penas para abusadores sexuales. La victoria ha sido completa. El Caso Spiniak, reventado por la policía una semana antes, ha sensibilizado a los parlamentarios. A decir verdad, con Spiniak en las portadas, es difícil que alguien niegue votos a una causa que protege a la infancia. 

Guzmán está en la cafetería del Congreso con familiares de niños abusados, la directora del Sename Delia del Gatto, Claudia Fuentes, periodistas y abogados. Celebran. Como dirá Guzmán meses después al juez Sergio Muñoz, “conversamos en general”.

-Salió que habrían uno o dos políticos DC metidos en esto (…) No tengo recuerdos muy claros sobre la forma en que se menciona frente a mí que en el caso Spiniak habían parlamentarios -explicará Guzmán. 

Al día siguiente, la diputada lleva a su madre a la Clínica Alemana. En esas horas, habla con la periodista Margarita Hantke, que la entrevista para su programa en Radio Zero. Más tarde, en Cooperativa, dice que en la red de Spiniak participaban 20 empresarios. 

-Sabemos que la red de pedofilia que tenía Spiniak es de aproximadamente 20 personas de un alto nivel socioecononómico. Dos de ellos están en este momento detenidos y no sabemos ni siquiera sus nombres y apuesto que no vamos a saber nada (…) Hay poderes que llegan a los jueces, a los propios carabineros y eso se deja aparte -le dice Guzmán, pesimista, a Cooperativa

Esa misma tarde, por la noche, conversa con Andrés Allamand, por ese entonces dedicado a su oficina de abogados y asomándose otra vez a la política. No tocan nada del caso, dirán ambos después. La secretaria de Allamand dirá otra cosa a su hermana y ésta a otra amiga, que a su vez se lo contará al diputado UDI Darío Paya. La cadena de dimes y diretes iniciará uno de los capítulos más extraños (y hasta hilarantes, en verdad) de todo el caso. Guzmán cierra la noche del 9 de octubre en su casa, con su familia. De su refugio, a las diez de la noche, la va a sacar un llamado telefónico de Claudia Fuentes. El mismo que echará por la borda su aplicada carrera política. 

* * * 

Claudia Fuentes también celebra la decisión de los parlamentarios. Ese 9 de octubre en ARASI hay una fiesta con carabineros y detectives. La celebración cierra un largo lobby de la directora de la ONG por sacar la ley y que se desplegó durante todo el 2003. 

La ley, con todo, no fue la única preocupación de Fuentes durante ese segundo semestre del 2003. En forma paralela a su trabajo con los parlamentarios -le dirá a fines de diciembre al juez Juan González-, fue entregando antecedentes a la justicia de una causa que le interesaba desde principios de año: Spiniak. 

Según Fuentes, la primera idea que tuvo de la investigación que se cernía sobre el empresario le surgió en abril o mayo de 2003, de boca de una estudiante de periodismo de la UNIACC que la entrevistó para un trabajo universitario. Es decir, apenas se había iniciado el caso y todavía no eran públicos sus datos. En esa conversación -que trató sobre la pedofilia-, una de las estudiantes le preguntó si manejaba algún antecedente del Caso Spiniak. Fuentes confesó que no. A los pocos días la invitaron a UNIACC y allí le mostraron un video en que aparecía un bigotón que entre sombras decía ser carabinero y haber participado en la primera detención de Spiniak. El hombre contaba detalles: entre ellos que esa noche de diciembre habían hallado 76 cintas en que aparecían niños siendo penetrados. En la reunión salió el dato que habrían ocho niños desaparecidos. Fuentes aseguró haber hablado con Walker y Guzmán pero no hicieron nada porque no tenían suficientes antecedentes para presentar una querella”. Sí, dijo, puso en antecedentes junto a Walker al entonces subsecretario del Interior, Jorge Correa Sutil, y a la abogada del Sename Marcela Neira, a la que le preguntó si se habían hecho parte en el juicio. 

Según Claudia Fuentes, para el 8 de octubre ya existían rumores que involucraban a algunos de ellos en el proceso de Spiniak: 

-Ya en esa época se rumoreaba en el ambiente periodístico sobre la eventual participación de personeros públicos, ya sea políticos, de gente del medio artístico y empresarial, pero no le dimos mayor importancia porque no había antecedentes ciertos que sustentaran dichos comentarios, y a mi juicio estos se formularon con intención de requerir mayor información o corroborarla, en un tono bastante informal. 

La noche del jueves 9 de octubre, Claudia Fuentes fue al programa de variedades “La Última Tentación”, del periodista Aldo Schiapacasse. En el set se encontró con el periodista de la revista Plan B Víctor Gutiérrez, que ese día había publicado un reportaje en que decía -sin dar nombres- que un parlamentario de la Alianza asistía a las orgías del empresario. 

El plural de María Pía Guzmán, el “sabemos” de ese 9 de octubre -con el Plan B ya en la calle-, forzosamente debe incluir a su colaboradora en asuntos pedófilos, sólo que en el camino la bomba no detonó y los veinte socioeconómicamente alto no recibieron esquirlas de ningún tipo, siquiera un rasguño. Los nombres que quedarán para siempre en la sospecha serán los de los políticos. 

Claudia Fuentes explicó algo de esos veinte. Frente a los detectives que investigaban por encargo de Juan González la querella UDI contra María Pía Guzmán, meses más tarde, dijo que si bien todos los periodistas -los que la rodeaban en esos días,se asume- coincidían a nivel de rumor en que los parlamentarios mencionados en la causa variaban, los nombres que se barajaban eran los de los UDI Carlos Bombal, Jovino Novoa, los DC Andrés Zaldívar, Jorge Lavandero, Gutenberg Martínez y “otro de la Alianza que no recuerdo bien”. Sin embargo, “también mencionaban a Italo Passalacqua y a Don Francisco”. 

Claudia Hayal, la asesora legal de Guzmán, explicó a los mismos detectives en más detalle a qué se refería Fuentes con eso. 

Hayal recordó la conferencia de prensa que Fuentes y Guzmán dieron por el asunto de la ley al día siguiente de la detención de Spiniak, el 1 de octubre. La conferencia era para decir que, con las modificaciones que querían en la legislación, Spiniak cumpliría penas más duras. Cuando terminaron de hablar, contó Hayal, se reunieron en la oficina de Fuentes en Avenida España, frente al tribunal donde se investigaba al empresario. La directora de la ONG, entonces, les contó que lo de Spiniak era una red de pedofilia pero “no era la más grande”. 

El día anterior, dijo Fuentes, ella había estado presente en el operativo de Carabineros que había detenido al dueño del Go, y les detalló lo que pasaba en las orgías -excrementos incluidos- y volvió con que no era la red más grande, que existía otra, “y recuerdo que me mencionó los nombres de Don Francisco, Julio Martínez y empresarios, comentarios que sorprendieron tanto a la señora diputada como a mi persona. Personalmente, no le creí a Claudia”. 

Frente al juez, Hayal agregó algunos detalles sin cambiar la esencia: que no tenía claridad si Fuentes había mencionado o no videos, pero que tendía a creer que la directora de ARASI había hablado de un carabinero que había vomitado mirando las cintas, y que ella misma había tenido arcadas. Fuentes, recordó además Hayal, había relatado alguna vez un encuentro a altas horas de la noche con alguien que le había entregado material sobre el caso. 

Los datos de Fuentes quedaron grabados en la cabeza de Hayal. Tanto, que el jueves, cuando leyó Plan B con el reportaje de Gutiérrez, le comentó a Guzmán “cómo Claudia sabía tanto”. 

María Pía Guzmán, el 22 de diciembre del 2003 abundaría en lo mismo ante Sergio Muñoz. La reunión Fuentes-Hayal-Guzmán tras la conferencia de prensa del 30 de septiembre, dijo, duró dos horas, y en ella la directora de ARASI relató que había tenido “algún grado de participación” en la detención de Spiniak. “Contó que había visto videos donde aparecían personas importantes. Nos nombró algunas, dentro de los cuales no hay políticos”, estampó Guzmán. Algunos, según Fuentes, aparecían en primeros planos. “También señaló que no duró más de 15 minutos en ver uno de los videos por lo asquerosos que eran, y que había tenido que ir a vomitar junto a uno de los carabineros”. 

Hayal y Guzmán colocan en boca de Fuentes imágenes similares a las que usa Víctor Gutiérrez el 9 de octubre. La directora de ARASI, dicen, hacía las mismas descripciones que el periodista. Pero ese día Gutiérrez ya había publicado su reportaje. 

Fuentes y Gutiérrez se encontraron en Chilevisión poco antes de entrar al set de “La Última Tentación”. Gutiérrez le contó lo que había publicado ese día. 

Claudia Fuentes aseguró al juez que escuchó a Gutiérrez en silencio. Cuando los dos se separaron, Fuentes llamó a casa de María Pía Guzmán. El llamado, explicará más tarde Fuentes al juez, lo hizo porque “seguramente habrían pruebas suficientes que avalaran la denuncia, y que efectivamente el resto de la información podría ser efectiva”. 

A Claudia Fuentes esa noche le contestó el hijo de María Pía. Ella pidió que se la pasara, rápido porque tenía que entrar al set. Resumió lo que quería. “Le dije: ‘María Pía, necesito urgente juntarme contigo y con el Pato (Walker) porque al parecer hay senadores involucrados en la red de Spiniak’. Ella me pregunta oye, ¿se puede saber de qué lado?’. Y yo le replico ‘parece que son dos de la Alianza y un DC, pero juntémonos a hablar mañana, tú le avisas al Pato’”.

Claudia Fuentes no mencionó su conversación con Gutiérrez. Y, rara operación, multiplicó por tres la información que éste había publicado ese día. El uno de la Alianza se convirtió en la fórmula Guzmán del día siguiente: Dos y Uno. 

* * * 

Fuentes ve a María Pía Guzmán a las 8 de la mañana por la televisión en el Buenos Días a Todos. El Dos y Uno de la noche anterior se está replicando a los cuatro vientos. No hay constancia que ambas hayan conversado luego de la emisión de La Última Tentación. Si se ha de tomar al pie de la letra las declaraciones de ambas, María Pía Guzmán durmió esa noche tranquila sabiendo que dos políticos de su sector -y un DC- participaban en la red de Spiniak. O pensando en el móvil que había concertado con el matinal de Chile para la mañana siguiente. 

El contacto en directo se hizo en la plaza que está enfrente de las Torres de Tajamar, con la periodista Catan Loguercio. Luego del móvil, Guzmán enfila al Hotel Carrera, donde ha quedado de reunirse con Fuentes y Walker.

De la reunión hay al menos dos versiones. Según Claudia Fuentes, luego de conocer los antecedentes que existían (esto es, los suyos), los tres concluyen que no eran verosímiles pero que debían ser investigados. “Aclaro también que a ambos les comuniqué que mi información se basaba en rumores y que no tenía pruebas fehacientes de ello”. 

Según la directora de ARASI, en la reunión se acuerda pedir un ministro en visita, dada la conmoción. Otro de los acuerdos es que la diputada Guzmán no hable más del tema “y que si le preguntaban, ella diría que estaba repitiendo rumores de prensa, lo que efectivamente realizó en algunos medios de prensa”. 

Guzmán concuerda en esos dos puntos del cónclave del Carrera. La diferencia -ha explicado ante jueces- es que Fuentes en esa reunión habría detallado el origen de la información que decía que había políticos involucrados en el Caso Spiniak: 

a) Niños que no habían sido bien tratados por la jueza Eleonora Domínguez (que al parecer los tildaba de “piojentos”y “mariconcitos”) y que habían pasado a ARASI, frente al tribunal, donde se les daba tratamiento psicológico, “que les permitiría ir a declarar”. Según Guzmán, esos niños habrían declarado haber visto políticos en las fiestas de Spiniak. “La psicóloga (de ARASI) y ella misma (Claudia Fuentes) les habían mostrado fotos de parlamentarios y políticos importantes dentro de los cuales habían reconocido, con sorprendente unanimidad a un senador de la Alianza y a otro senador de la DC, pero este con mucho menos grado de certeza”; 

b) el periodista Víctor Gutiérrez, que a la salida de un programa de TV le habría dado (a Claudia Fuentes) el nombre del tercer senador de la Alianza; y 

c) Rolando Jiménez, el presidente del Movimiento por la Liberación Homosexual, Movilh, que le habría dicho en el mismo programa de TV que tenía tres amigos gay que habrían estado en las fiestas de Spiniak y que habían visto políticos, sin especificar nombres. Jiménez, ese mismo día, fue llevado por el abogado de ARASI, Claudio Varela, ante la jueza Domínguez para pedirle el trato de testigo protegido para él y sus amigos. 

La reunión concluye con una rápida caminata hacia el Palacio de Tribunales, a unas cuadras del hotel. Los dos parlamentarios van tras una audiencia con el entonces presidente de la Corte Suprema, Mario Garrido Montt. Pero el juez va saliendo de la Corte y sólo pueden hablar con su secretario. 

Los dos parlamentarios se separan. Guzmán parte a Renovación Nacional, donde vuelve a hablar con la prensa. Luego, se va a una reunión agendada tiempo atrás en la institución que hizo surgir su carrera política: la Fundación Paz Ciudadana. El almuerzo se hace en el corazón del mismísimo El Mercurio. Será la última vez que María Pía Guzmán vaya a un evento así.

* * * 

Los niños no iban solos al tribunal. En ese octubre, los testigos entraban acompañados de carabineros de la 48a Comisaría de Asuntos de la Familia o de funcionarios del Sename. 

El único registro que existe de uno de esos menores entrando a la sede de ARASI, en Avenida España 502 -justo enfrente del edificio de los tribunales donde trabaja la jueza Eleonora Domínguez, del 33 del Crimen- proviene del testimonio de Claudia Fuentes y de una de sus colaboradoras, la abogada María Isabel Guerra. 

Según contó Fuentes a los detectives que la interrogaron, antes de que fuera detenido Spiniak carabineros de la 48a Comisaría llegaron hasta la sede de ARASI y conversaron con María Isabel Guerra y le consultaron, en privado, acerca de algunas dudas legales que tenían. A los policías los acompañaba un niño de 15 años llamado Luis-Z. (L.Z.). 

Guerra aportó más datos: la visita se hizo un día de mañana, durante la última semana de septiembre. Uno de los policías que llegó a ARASI se llamaba Marcelo, y pertenecía a la comisión civil de la comisaría de Asuntos de la Familia. 

Los policías, dijo, conversaron con ella frente a L.Z., a quien presentaron como miembro de la ONG Margen, dedicado a rescatar niños explotados sexualmente de la calle. L.Z. le dijo a Guerra que desde los seis años se encontraba vagando y que había sido violado por un hombre conocido como el “Pa Callao”, un proxeneta de la Plaza de Armas.

En un momento de la conversación con L.Z. -contó Guerra-, los policías comenzaron a hacerle preguntas al niño. El, según la abogado, les contrapreguntaba “¿qué quieres que te cuente? ¿Que te cuente todo?”. L.Z. le dijo a Guerra que había participado sólo en una fiesta, en la que había abundante droga y donde iban adultos. Habló de unas veinte personas. El policía le dijo a L.Z. que contara todo sobre las orgías a la abogada. 

A Guerra le preguntaron qué impresión tenía del niño. Con la distancia de varias semanas, contó que a su modo de ver “se notaba afectado”. Ella, dijo, le preguntó a L.Z. si podía identificar a la gente que iba a las fiestas. El contestó que no. “No respondió si habían políticos”, agregó Guerra adelatando la pregunta.

Guerra afirmó haberse sentido utilizada, y que le dijo al policía que ella no podía entrevistar al niño en relación al caso Spiniak. Otros sí le sacarían palabras a L.Z. más adelante.

Dos de la tarde. María Pía Guzmán almuerza en el casino de gerentes de El Mercurio, una mole instalada en medio de un prado verde, a un costado del edificio que aloja al diario y a La Segunda. La reunión es para analizar la puesta en marcha de la Reforma Procesal Penal. 

En el almuerzo no está Agustín Edwards. Pero no por eso deja de ser importante. Los ministros de Justicia, Luis Bates, y de Educación, Sergio Bitar, están ahí. También dos parlamentarios. Jorge Burgos, DC, y ex subsecretario del Interior. Y Carlos Bombal Otaegui, un UDI emblemático y uno de los parlamentarios que, antes que caiga la noche, se transformará en sospechoso de ser un pedófilo amigo de Spiniak.

Bombal, dirá la prensa más tarde, entró al almuerzo acompañado por la periodista Blanca Arthur, de El Mercurio. Arthur buscaba sacarle palabras a Bombal tras la explosión que consumía las bases de la derecha. Ella tenía el dato de que Bombal era uno de los senadores mencionados.

El Mercurio. Extraño lugar para almorzar ese día. Jovino Novoa, el senador que días más tarde se transformará en el blanco de Guzmán y de sus nuevos y extraños aliados, también trabajó allí en los años 80, como jefe de Informaciones del diario. Y Joaquín Lavín, el eterno candidato del sector, también (y en el mismo cargo). 

Durante el almuerzo, Guzmán no deja de contestar el teléfono. “Estas cosas no se pueden esconder debajo de la mesa… Hay que hablar con la verdad. Además, esto ya había salido en una publicación”, dijo en una de sus llamadas, como se consignó en El Mercurio.

Una de esas llamadas era de la presidenta de la Cámara de Diputados, la socialista Isabel Allende. Indignada, Allende le exigió entregar los nombres. Guzmán se negó. Adujo secreto profesional como abogado.

Isabel Allende no fue la única que la llamó. Tras su conferencia de prensa en RN -realizada en la calle- el vocero de la UDI, el diputado Patricio Melero también había contactado a la parlamentaria para preguntarle de qué estaba hablando. Melero -que durante la mañana había contestado los requerimientos de la prensa con un sereno comentario que decía que las denuncias eran graves y que los involucrados, si los había, merecían ser sancionados- obtuvo la misma respuesta de Guzmán: secreto profesional, y que sus antecedentes provenían de gente de su confianza.

No sólo había llamados a Guzmán. El senador RN Alberto Espina se comunicaba con Andrés Allamand para contarle lo que pasaba y luego los dos llamaban a Guzmán, le pedían explicaciones y recomendaban calma. 

Sebastián Piñera, el presidente del partido, también habló con la diputada, desde Puerto Montt, donde se encontraba participando en un seminario. También le pidió calma. Los dos acordaron una reunión esa misma noche en casa de Rodrigo Hinzpeter, el secretario general del partido. Piñera empacaba sus cosas y partía a la capital.

Para cuando Guzmán sale de El Mercurio rumbo a RN, donde tiene anunciada una conferencia de prensa de urgencia, la derecha ya está en llamas. En la sede de la UDI, un irascible Pablo Longueira grita que mete las manos al fuego por los suyos y llama a María Pía Guzmán a entregar los nombres y sus fuentes.

Isabel Allende y el presidente del Senado, el DC Andrés Zaldívar, ya han hablado con la prensa. “A mí lo que me parece preocupante es que se diga que hay participación de tres parlamentarios, que se de la filiación política de los parlamentarios, supuestamente dos de la UDI y uno de la Democracia Cristiana, y no se den nombres”, se queja la presidenta de la Cámara de Diputados.

Guzmán no va sola en su auto rumbo a RN. La acompañan las periodistas Pamela Aravena y Mariela Herrera, del cuerpo de Reportajes de El Mercurio. En el camino, aprovechan de entrevistarla. El diálogo ilustra bien lo que pasa por la cabeza de Guzmán esa tarde. Contrastado con la Pía Guzmán de días siguientes, asombra.

“La conocí de a poco. Desde octubre o noviembre de 2001 que trabajo en el tema de la pedofilia con un grupo de personas. Eso me ha hecho estar en contacto con muchas denuncias. Y se conoció lo de (Claudio) Spiniak hace unos meses. Obviamente que todo se mantuvo en el más estricto silencio hasta que la policía actuó y… muy bien”, dijo cuando le preguntaron cuándo había conocido la denuncia.

Guzmán añade que uno de los primeros antecedentes que había sabido era el de los 20 empresarios y descripciones de las orgías. Dos de los empresarios, dijo, habían sido detenidos por haber chateado con Spiniak, pero habían quedado libres, lo que es falso.

La diputada explica que no se va a querellar, pero que podía llamar la atención: “Pero puedo alertar: ¡ojo, acá sabemos que hay estos antecedentes! Hav como 20 personas de alto nivel socioeconómico que estaban en esta red, que participaban en estas orgías, donde ocurrieron hechos horrorosos que constan en más de 300 videos que están en el tribunal”.

En la entrevista, Guzmán comienza a invocar su secreto profesional de abogado. Los datos, dice, le fueron entregados en ese rol y se le ha pedido reserva. Horas más tarde, frente a la jueza Domínguez, se relevará del secreto y entregará a su fuente.

La entrevista se acaba en la sede de RN, en Antonio Varas. La diputada cierra la conversación con una extraña evaluación de la primera parte del zafarrancho: 

-Esto tiene un lado positivo y es que soy creíble para la opinión pública. Lo negativo es que me pone en el ojo del huracán y es algo muy difícil de sobrellevar.

No piensan lo mismo en RN a esa hora. A Guzmán no le prestan la sala de conferencias de la sede para que hable con la prensa. En el patio, se junta con los periodistas. Aunque la idea que flota en las redacciones de los diarios es que Guzmán va a dar un paso atrás, o por lo menos acotar sus dichos, sigue con la misma cantinela de la mañana.

Según El Mercurio, Guzmán insiste: “he recibido información que gente de posición muy importante estaba en la red de Spiniak. Ayer en la tarde me señalaron y hoy en la mañana me complementaron que había algunas personas políticas. He reconocido esto, pero no voy a dar ningún nombre porque eso le corresponde a la justicia (…) Efectivamente hay antecedentes de que habría personas de la Alianza por Chile y de la Democracia Cristiana”.

Los políticos se mueven a esa misma hora. Andrés Zaldívar -cuyo nombre también circula entre los periodistas como uno de los implicados- comete una imprudencia. Se contacta con la jueza Domínguez para hacer algo que en otras circunstancias pasaría por pecado mortal: preguntarle si en su proceso hay o no parlamentarios. Domínguez le dice que en los videos requisados no aparece nadie y que no tiene información acerca de nombres de políticos en su investigación.

Zaldívar, además, recibe presiones. A su oficina llega una carta con un drama que meses después se hará público: el jefe de la bancada de senadores de su partido, el PDC, le pide que exija a Guzmán los nombres de los implicados, y tacha de irresponsable a la RN. La carta viene firmada por el senador Jorge Lavandero Illanes.

A las seis de la tarde, Guzmán se reúne nuevamente con Claudia Fuentes y Patricio Walker. La diputada, en sus declaraciones judiciales posteriores, dirá que la reunión fue para hacer una “evaluación de lo que había sucedido tras mi declaración, las que habían sido repetidas durante el día por una presión fuertísima y agresividad de los periodistas”.

En la reunión, según su versión, Fuentes repitió que su información era fiable. Walker -que había exigido precisión a Fuentes- “se veía aproblemado por el tema”. Quedaron de reunirse la mañana del domingo para preparar la entrevista conjunta que darían esa noche en canal 7 en la sección La Entrevista del Domingo.

-Puedo agregar que Claudia Fuentes estaba dichosa porque el escándalo que habían provocado mis declaraciones iban a permitir que el juicio de Spiniak fuera tramitado en forma mucho más eficaz -declaró Guzmán. 

No dice lo mismo Fuentes de ese encuentro. Según ella, todo giró en torno a recriminaciones contra la diputada. Lo mismo dirá Walker en la entrevista del domingo, dos días después.

Guzmán sale de esa reunión de la mano de Rodrigo Hinzpeter, un joven abogado RN que desde entonces cobra fuerza en el partido. Hinzpeter viene por encargo de Piñera. Es casi su brazo derecho. Por la tarde ha conversado con Luis Hermosilla, el abogado de Spiniak y con quien trabajó alguna vez, para preguntarle qué pasa en el proceso. Hermosilla le ha mostrado su extrañeza por las declaraciones de Guzmán. Luego, Hinzpeter ha llamado a la jueza Eleonora Domínguez a su celular para pedirle que reciba esa tarde a María Pía Guzmán en su tribunal y le tome declaración. La jueza -que a esa hora está en una tienda del barrio alto comprando un regalo- la cita para pasadas las siete de la tarde.

El encuentro entre la jueza Domínguez y la diputada es largo, pero apenas queda plasmado en el proceso. En poco menos de una carilla, María Pía Guzmán declara lo poco que sabe de la causa. Afuera, la prensa espera a María Pía Guzmán con móviles, cámaras y micrófonos. La jueza está citada para el lunes a un Pleno Extraordinario de la Corte de Apelaciones. Sus superiores quieren saber qué diablos pasa en su investigación.

La jueza recibe a la diputada pasadas las siete de la tarde, y María Pía Guzmán le dice que su fuente es la directora de ARASI, Claudia Fuentes. Que ella le dijo que había dos parlamentarios de la Alianza por Chile y un DC en la red de Spiniak. Guzmán dice que Fuentes le contó que las víctimas se lo habían relatado a la jueza y que la propia Fuentes había visto uno de los videos, con violaciones y actos sodomíticos contra niños. Esos son los antecedentes que tiene, pese a que no le constan que sean verdad, dice. Cuando va a entregar los nombres, Eleonora Domínguez la detiene. Le aconseja que no queden por escrito. La RN más tarde dirá que la jueza le dijo que podía ser peligroso. Aparentemente la jueza sabe que esas son sus últimas diligencias en la investigación, y no quiere que los nombres queden registrados, a la vista de cualquiera que acceda al proceso. Tiene su lógica. Los tribunales chilenos se mueven en el secretismo, y hay secretos que son bombas.

Por cosas de la vida, lo que más le reprocharán en la derecha esa noche a María Pía Guzmán no son sus palabras, sino su silencio. 

Cuando sale del edificio de los juzgados, los periodistas la acribillan a preguntas. Que qué quiso decir, que si se retracta, que si le entregó los nombres a la jueza. De entre el enjambre se levanta la voz de un periodista de radio Bío Bío que le pregunta si se refería a Jovino Novoa y a Carlos Bombal.

La pregunta, que Guzmán no responde y que acaso ni siquiera oye, sale al aire, en el noticiario central de TVN que se transmite esa noche. Y se oye, clarita.

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