Guerra en Medio Oriente: el rol de la CIA y el error en la seguridad de Irán que adelantó el ataque de Estados Unidos e Israel

Un reportaje de The New York Times detalla cómo la Agencia Central de Inteligencia (CIA) de Estados Unidos rastreó durante meses al líder supremo iraní, ayatolá Ali Khamenei, y supo de antemano que participaría en una reunión de alto nivel en un complejo de Teherán, lo que permitió ajustar el momento del ataque conjunto con Israel que terminó con su muerte y la de otros altos mandos. La operación expuso debilidades en los protocolos de seguridad iraníes y subraya la profundidad de la cooperación entre inteligencia estadounidense e israelí, en un contexto de escalada regional tras la guerra de 12 días del año pasado.

La muerte del líder supremo de Irán, ayatolá Alí Jamenei, y de varios altos mandos militares y de seguridad se produjo tras una operación militar conjunta entre Estados Unidos e Israel cuya planificación y ejecución estuvo apoyada en inteligencia estadounidense considerada de alta precisión. Según un reportaje publicado por The New York Times, la Agencia Central de Inteligencia (CIA) había seguido durante meses los movimientos de Jamenei, obteniendo conocimiento cada vez más detallado de sus patrones de vida, ubicaciones habituales y medidas de seguridad.

Ese seguimiento culminó cuando analistas de la CIA detectaron que, en la mañana del sábado 28 de febrero, se celebraría una reunión de la cúpula político-militar iraní en un complejo institucional en el centro de Teherán en la que, de manera crítica, estaría presente el propio Jamenei. La información sobre la reunión y la confirmación de su presencia no solo permitió identificar el objetivo principal, sino que llevó a Washington y Tel Aviv a modificar el plan original de ataque, que estaba diseñado para la noche, y adelantarlo a la mañana para aprovechar la concentración de altos cargos.

La decisión de ajustar el calendario de la operación refleja la importancia que ambos gobiernos atribuyeron a la oportunidad proporcionada por el conocimiento de inteligencia. El sitio atacado, que albergaba oficinas vinculadas a la presidencia, al liderazgo supremo y al Consejo Nacional de Seguridad de Irán, fue impactado por misiles de largo alcance poco más de dos horas después del despegue de aeronaves desde bases israelíes. Un funcionario de defensa israelí citado por el diario afirmó que la acción buscó una “sorpresa táctica” y que, pese a las señales de preparación para la guerra por parte de Teherán, la operación logró su objetivo.

El ataque —que impactó alrededor de las 9:40 a.m. hora local— no solo alcanzó al ayatolá Jamenei, sino que según registros oficiales iraníes y fuentes familiarizadas con la operación también provocó la muerte de figuras como el comandante en jefe de la Guardia Revolucionaria, general Mohammad Pakpour, y el asesor de seguridad Ali Shamkhani, entre otros altos mandos. Las autoridades iraníes han confirmado varias de estas bajas, y en respuesta Damasco y Teherán han lanzado contraataques con misiles y drones contra bases estadounidenses y objetivos en el Golfo Pérsico.

Analistas internacionales coinciden en que la operación revela, más allá de su impacto inmediato, la profundidad de la cooperación entre las comunidades de inteligencia de Estados Unidos e Israel, especialmente luego de la guerra de 12 días entre Israel e Irán el año anterior, episodio en el que Washington adquirió una visión detallada de cómo se movían y comunicaban los principales líderes iraníes bajo presión militar. Esa experiencia previa, según fuentes consultadas por The New York Times, contribuyó a refinar la capacidad de rastreo y predicción de movimientos del propio Jameneiy otros oficiales de alto rango.

La operación también ha expuesto una vulnerabilidad estratégica del aparato de seguridad iraní, que permitió la reunión simultánea de altos cargos en un solo complejo, algo que potenció el efecto de la ofensiva y facilitó un ataque de precisión en pleno centro de Teherán. Para Washington y Tel Aviv, la oportunidad de eliminar de manera casi simultánea a varios líderes de la república islámica constituyó lo que algunos colaboradores describieron como una “victoria temprana y crítica” en un escenario de conflicto abierto.

El presidente estadounidense, Donald Trump, ha defendido el uso de inteligencia y coordinación militar con Israel, afirmando que la acción conjunta continuará “mientras sea necesario” para asegurar la estabilidad de sus intereses en la región y contrarrestar lo que considera una amenaza prolongada del régimen iraní. Las repercusiones inmediatas de la operación ya se han traducido en respuestas militares de Irán en varios frentes, incluyendo ataques contra bases aliadas en el Golfo, lo que ha generado preocupación sobre una escalada más amplia que podría reclutar a actores estatales y no estatales en el conflicto.

Mientras tanto, la comunidad internacional —incluidos estados de la Unión Europea y actores regionales— ha expresado alarma por el uso intensivo de inteligencia compartida para culminar en un ataque de este calibre, advirtiendo sobre las consecuencias a largo plazo para la estabilidad regional y la gobernanza de datos sensibles de seguridad. Analistas sostienen que la operación no solo representa un cambio táctico en el uso de capacidades de espionaje moderno, sino también un precedente geopolítico sobre cómo las grandes potencias pueden aprovechar la inteligencia conjunta en operaciones ofensivas fuera de sus fronteras.

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