Bernarda Rosalba Vera Contardo era intensamente buscada por los militares que tomaron el poder en Chile en septiembre de 1973. Su nombre aparecía en los bandos que se transmitían por los medios de comunicación, donde la invitaban a presentarse ante las autoridades. Ella no lo hizo, y acertó.
Las dos primeras semanas de octubre de ese año se perpetraron tres matanzas contra dirigentes políticos y obreros del Complejo Forestal y Maderero Panguipulli, en la zona cordillerana de la Región de Los Ríos, una empresa estatal creada durante la Unidad Popular, luego de que trabajadores y campesinos se tomaran más de 20 fundos y obligaran a su expropiación.
Bernarda Vera era militante del Movimiento de Izquierda Revolucionaria (MIR) y tenía una participación activa en el Complejo Forestal. Para los mandos de la dictadura era un objetivo clave. Dijeron que la vieron participar en un ataque frustrado al retén de Carabineros en Neltume durante la noche del 11 de septiembre. La prensa de ese periodo dio cuenta de la persecución:
“Las patrullas perseguían los rastros de ‘La Bernarda’” y “la Bernarda parecía poco menos absorbida por la tierra”, publicó en noviembre del 73 el medio Correo de Valdivia. Mientras que el General Nilo Floody, al mando de la represión en el sur de Chile durante los primeros días de la dictadura, también habló en la prensa sobre ella: “Desde el asalto al retén se encuentra prófuga”.
Ese era el escenario que enfrentaba Bernarda Vera durante los primeros meses de la dictadura. La historia oficial sobre ella se congela en algún punto entre septiembre y octubre del 73, cuando estaba prófuga y era perseguida por los bosques que rodean la ahora turística reserva natural de Huilo Huilo. El Informe Rettig estableció en 1991 que ella es una detenida desaparecida, y que se presume que fue ejecutada en un puente sobre el río Toltén. Pero una investigación del Plan Nacional de Búsqueda (PNB) —iniciativa creada por el gobierno en 2023 para indagar el destino de los desaparecidos en dictadura— dio con nuevos antecedentes que cuestionan esa verdad oficial.
La búsqueda está a cargo de la periodista Pascale Bonnefoy —autora de varios libros sobre violaciones a los Derechos Humanos, colaboradora desde hace 20 años de The New York Times, y académica de la Universidad de Chile, institución que la envió en comisión de servicio para colaborar con el PNB—, quien comenzó a indagar el caso de Bernarda Vera en marzo de 2024, cuando algunos de sus entrevistados le dijeron que la mujer habría logrado salir del país a fines de 1973.
Así al menos se indica en los informes a los que Reportea tuvo acceso, donde aparecen los detalles sobre cada uno de los documentos obtenidos en la investigación, además de las respuestas de 11 entrevistados que apuntan a que Vera no fue ejecutada, ni que tampoco está desaparecida.
Las personas entrevistadas afirman haber compartido con ella en Chile, Argentina y Suecia en los ‘70 y ‘80. Primero en un intento de guerrilla en las montañas del sur de Chile; luego en un escape frenético a pie por la cordillera; después en una guerrilla en Tucumán; y finalmente en Suecia, país al que habría llegado como refugiada política en 1978.
Según esos testimonios, durante ese periodo su vida siempre estuvo al límite, con la muerte siguiéndola de cerca. Los dos jóvenes con los que habría formado pareja entre 1972 y 1977 terminaron asesinados por militares, uno en Chile y otro en Argentina. No solo ellos, también varios de sus amigos y camaradas de militancia.
Para este reportaje se tuvieron a la vista cuatro informes donde se actualizan los avances de la indagatoria del PNB. El primero es una minuta fechada en mayo de 2024, cuando recién comenzaron las averiguaciones sobre el caso (información preliminar que se entregó al entonces ministro de Justicia, Luis Cordero), y el último es de agosto de 2025, donde se incluye información entregada oficialmente por el gobierno de Suecia, hasta ahora la prueba más firme de que Bernarda Vera podría estar viva.
En septiembre de 2024 la investigación del PNB estuvo muy cerca de contactarla. Fue a través de un exiliado chileno en Suecia que mantendría vínculos con el entorno de Vera. Los informes dan cuenta de un recado que enviaron sus cercanos: “Es un tema difícil y prefiere dejar todo así. Lo hemos hablado varias veces, pero no quiere hablar de esa situación. Entiendo que tiene con quien contactarse (en Chile) y pide que quede así”.
La investigación permaneció en estricta reserva hasta mediados del mes pasado, cuando un artículo de Reportea contó que el ministro Álvaro Mesa, designado por el Poder Judicial para indagar causas de violaciones a los Derechos Humanos en el sur del país, había abierto un cuaderno reservado sobre el caso.
Mesa tomó esa decisión luego de que en mayo de 2025 comenzó a recibir oficios desde el PNB con la información enviada por Suecia: “Documentos de los años 1978, 1979 y 1981 con datos personales de Bernarda Vera, de su pareja y de dos de sus hijos; el permiso de entrada a Suecia y visa de residencia y de trabajo; y la ficha de residencia permanente”, indica uno de los informes de la investigación. Mesa también recibió la comprobación de que en febrero de 1984 Suecia le otorgó la nacionalidad a una mujer chilena llamada Bernarda Rosalba Vera Contardo.
Su hija en Chile fue informada de la investigación en enero pasado por parte del PNB. Los familiares de Bernarda se han reunido en cuatro ocasiones con representantes del Plan Nacional de Búsqueda durante este año para informarse sobre los nuevos antecedentes.
El caso se tomó la discusión pública hace una semana, cuando un reportaje de Chilevisión Noticias dio con la mujer que podría ser Bernarda Vera, que actualmente vive en Miramar, una localidad cercana a Mar del Plata, en Argentina.
El revuelo político fue inmediato. Dirigentes del Partido Nacional Libertario presentaron una querella, acusando al gobierno de haber querido ocultar los hallazgos. Mientras que diputados de la UDI le pidieron a la Contraloría que indague un eventual fraude en la entrega de beneficios a familiares de detenidos desaparecidos.

Ese es un tema delicado. La hija que Bernarda Vera dejó en Chile continúa recibiendo una reparación económica por su condición de discapacidad. Quienes conocen de su situación explican que, a pesar de que tiene 57 años, y esa reparación se entrega hasta que los hijos de víctimas de la dictadura cumplen 25, en su caso se extendió debido a que sufre una discapacidad física. Un escenario contemplado por la ley.
En este reportaje se omitirán los nombres de los testigos que prestaron su testimonio para la investigación —los que están vivos, y cuyos relatos hasta ahora son desconocidos—, para no entorpecer ni la investigación del PNB ni las diligencias que ordene el ministro Mesa.
Chile, Argentina, Suecia
La investigación del PNB sobre Bernarda Vera comenzó con un hallazgo casual. Según se indica en los informes a los que Reportea tuvo acceso, a inicios de 2024 la periodista Pascale Bonnefoy estaba indagando la identidad de un cuerpo masculino que apareció en 1990 en un paso fronterizo entre Chile y Argentina, y que fue enterrado sin nombre en el cementerio de Valdivia.
El objetivo era chequear si es que ese cuerpo podría corresponder a un mirista que desapareció en octubre del 73, y que formó parte del intento de guerrilla en Neltume justo después del golpe. Por eso Bonnefoy comenzó a revisar el caso de ese detenido desaparecido, con quien Bernarda Vera habría estado en las semanas posteriores al golpe.
El informe de mayo de 2025 da cuenta del inicio de la indagación:
“En marzo de 2024 conversé con un ex miembro de la Fuerza Central (FC) del MIR en el Complejo Maderero y Forestal Panguipulli (…) me comentó que conoció a Bernarda Vera en ese contexto. Dijo que la última vez que la vio fue durante el asalto al retén de Neltume la madrugada del 12 de septiembre. Me aseguró que Bernarda Vera no fue detenida ni ejecutada, sino que formó parte del grupo (…) que se ocultó en el monte en septiembre de 1973”, se indica en la página 4 de ese informe.
Ese ex mirista le habló de otro testigo, quien también militó en el MIR, y que le contó más detalles, como “que ella escapó a Argentina a fines de 1973 junto a varios compañeros, entre ellos Domingo Villalobos Campos. Dijo que (…) le contó que en 1974 se encontró en Buenos Aires, Argentina con Domingo Villalobos, que para entonces se había emparejado con Bernarda Vera. (…) dijo haber estado con ambos en la capital argentina”.

Ahí había otra pista. La periodista la siguió. En marzo de 2024 ese testigo vivía en Suecia. Pero no pudo comunicarse con él porque estaba muy enfermo. Falleció en julio del año pasado.
En los informes a los que tuvimos acceso hay constancia de 11 entrevistas realizadas a personas que coincidieron con Bernarda Vera en las décadas de los ‘70 y ‘80. En esos testimonios se afirma que en Chile utilizaba la chapa política de “Anita”; en Argentina se hacía llamar “Carmen”; y en Suecia ella misma se presentaba como “Benny Vera”.
En septiembre de 2024 la periodista Pascale Bonnefoy estuvo muy cerca de la mujer que sería Bernarda Vera, y que actualmente vive en Argentina. Estuvo a un par de contactos de distancia.
Por esa fecha la investigación ya tenía varios testimonios que coincidían sobre su paso por Suecia, entonces la periodista contactó a una ciudadana de ese país que fue ayudista del MIR en Chile en los ‘70. Y aunque ella no se topó con ninguna mujer que pareciera ser Bernarda, sí entregó un contacto muy relevante: un ex mirista que se fue exiliado a Lund.
La comunicación al principio fue indirecta: la ciudadana sueca traspasó los mensajes de Bonnefoy al chileno que vive en Lund.
Él mandó a decir que podía poner en contacto al PNB con una amiga que mantenía comunicación con Bernarda Vera. No entregó el nombre ni los datos de contacto de su amiga: “No quiso decir su nombre, nacionalidad ni en qué país vive (…) contactó a su amiga, y ella le confirmó que Bernarda Vera efectivamente se había ido a Argentina a fines de los ochenta”, indica uno de los informes del PNB revisados por Reportea.
Pocas horas después de recibir ese mensaje, el exiliado chileno echó pie atrás: “Me acaba de avisar (…) que la conocida de Bernarda no quiere colaborar y que no necesitas escribirle a él. Lo que le dijeron a (…) es que Bernarda sabe cómo contactarse con las comisiones en Chile si quisiera dar su testimonio”.
El 2 de ese mes la periodista insistió escribiéndole directamente al chileno que vive en Lund. La respuesta fue categórica:
“Estimada Pascal, valoro el esfuerzo que están haciendo. Pero no es posible. Mi amiga, quién conoce bien la situación y con la cuál tengo confianza, me respondió lo siguiente: ‘Es una pregunta muy reiterada. De todas formas es un tema difícil y prefiere dejar todo así, lo hemos hablado varias veces pero no quiere hablar de esa situación. Entiendo que tiene con quien contactarse y pide que quede así’”, se lee en el informe.
El 24 de enero de 2025 hubo un nuevo intento. Pero ese correo electrónico ni siquiera fue respondido.
Cuatro reuniones con la familia y cuatro oficios reservados
El secreto de la investigación sobre este caso se quebró parcialmente el 12 de enero de 2025, cuando la hija que Bernarda Vera dejó en Chile —la que tenía 5 años en 1973 y vivía con sus abuelos maternos— fue citada a las oficinas del Programa de Derechos Humanos del Ministerio de Justicia, donde le contaron sobre los antecedentes que se estaban recabando. También se le ofreció ayuda psicológica.
Reportea pudo confirmar que hubo otras tres reuniones con la familia de Bernarda Vera en Chile. La segunda se produjo el 9 de mayo de 2025, por solicitud de la familia, y asistió su hija, una de sus hermanas y su nieto. Esto dice el informe sobre esa cita:
“En esa reunión se dio cuenta a la familia, a modo general, por qué y cómo se inició la investigación sobre la desaparición de Bernarda Vera y los principales hallazgos hasta ese momento, que eran principalmente testimonios coherentes entre sí de testigos que señalan que la conocieron o estuvieron con ella en distintos momentos en Chile, Argentina y Suecia (…) Se enfatizó que es una investigación aún en curso, con más indicios que certezas, y que se estaba a la espera de confirmación del gobierno de Suecia respecto de si se le otorgó ciudadanía sueca a Bernarda Vera. Se les hizo entrega de dos copias impresas del informe de investigación”.
Hubo una tercera reunión el 22 de mayo pasado. Esa vez le contaron a la hija de Vera sobre la respuesta del gobierno sueco: el 6 de febrero de 1984 le otorgaron la nacionalidad a una mujer llamada Bernarda Rosalba Vera Contardo, nacida en Chile el 4 de febrero de 1949.
Ese es el único dato que discrepa de los antecedentes que existen en Chile sobre Vera. Y es un detalle. El Registro Civil indica que ella nació el 4 de febrero de 1946, tres años antes.
El mismo día de esa reunión, el 22 de mayo pasado, el Programa de Derechos Humanos le envió un oficio reservado al ministro Álvaro Mesa, comunicándole la respuesta enviada por Suecia:
“Mediante oficio reservado recibido el 15 de mayo en oficina de partes, y derivado a la jefa del programa el 16 de mayo, informa que, tras gestiones del Consulado de Chile en Gotemburgo, la oficina de migraciones de Suecia ha informado que una persona singularizada con el nombre de la víctima previamente señalada obtuvo la nacionalidad sueca” (vea aquí ese oficio).
Reportea tuvo a la vista otros tres oficios que se le enviaron al ministro que investiga el caso por la vía judicial. El 8 y el 23 de julio pasado se le entregó nueva información que envió el gobierno sueco, y el 20 de agosto se le hicieron llegar antecedentes sobre Bernarda Vera que fueron aportados por la Agencia Tributaria y de Registros Personales de Suecia.
Y aunque no figura en los informes tenidos a la vista para este reportaje, hubo una cuarta reunión con la familia de Vera en Chile. Ocurrió el pasado 3 de septiembre. El objetivo, según cuentan quienes participaron de esa cita, fue informarles de la inminente emisión del reportaje de Chilevisión Noticias, para que este no los tomara por sorpresa. Ese día la familia recibió el informe actualizado de la indagatoria.
¿Bernarda está viva?
Otra fuente de información para la investigación del PNB fue la causa judicial que se abrió en 2009 cuando la hija chilena de Bernarda Vera presentó una querella por la desaparición de su madre.
En ese proceso consta la declaración de un profesor que dice que su esposa estuvo en el Complejo Forestal en 1973 y le contó que Bernarda Vera “andaba en un grupo que eran activistas políticos y se arrancaron para la montaña eludiendo el cerco policial y militar”.
Y aunque él entregó el número de teléfono de su cónyuge, que entonces estaba en Reino Unido, en el proceso no consta que la hayan contactado. La investigación del PNB sí lo hizo. El 22 de abril de 2025 la periodista Bonnefoy entrevistó a esa testigo, quien señaló que entre fines de septiembre o inicios de octubre del 73 estuvo en el Complejo Forestal, y que ahí conversó con personas que conocían a Bernarda. “Y como por la radio hacían llamados para que se entregara Bernarda Vera a las autoridades militares, les preguntó por ella (…) Me dijeron ‘Bernarda está bien’. Con eso deduje que ellos sabían dónde estaba”, indicó la mujer.
En la investigación judicial que se inició en 2009 declaró la hija chilena de Bernarda Vera. Allí mencionó que su madre tenía una amiga cercana, que también era profesora, y quien le había entregado antecedentes. Esa amiga cercana fue entrevistada para la investigación del PNB el 20 de marzo de 2025. Esto dijo:
“Relata que, en enero de 1974, ella se reunió con la entonces pareja de Bernarda Vera, René Acuña, en casa de los padres de Acuña en Temuco. En ese encuentro (…) me dijo que estaba preocupado por la Benny (otro apodo de Vera), porque hacía quince días que no sabía nada de ella. Yo deduje que estaba viva en diciembre de 1973”.
Otro testimonio fue recogido el 26 de marzo de 2025 a través de una entrevista telefónica. Quien habla es un ex militante del MIR que participó en el Complejo Forestal y Maderero Panguipulli. Cuenta que a fines de diciembre de 1973 se organizó una reunión del partido en Temuco, y que en esa reunión expuso René Acuña, la entonces pareja de Bernarda Vera:
“René Acuña nunca dijo que Bernarda hubiera tenido problemas represivos. Si los hubiese tenido, nos habría contado. Nos quedó claro que ella y otros compañeros cruzaron hacia Argentina (…) Lo curioso es que años después el nombre de Bernarda Vera apareció en un documento de la Vicaría como muerta en el río Toltén. Eso no es verdad”.

También accedió a una entrevista, a fines de marzo de 2025, un hermano de René Acuña, quien contó que a inicios de 1974 conversó con su hermano sobre Bernarda. “Dice que cuando le preguntó a René por Bernarda, él respondió: ‘Murió’. Yo lo interpreté como que ella había abandonado la causa, se salió de la lucha, había desertado, no que había sido ejecutada, porque eso lo habría dicho. Esa fue mi impresión, porque fue muy parco, no estaba acongojado como si recién hubiesen asesinado a su compañera. Fue tan tajante que me sorprendió y no pregunté más”.
René Acuña fue detenido por la DINA (la policía política de la dictadura) en 1975. Hasta el día de hoy continúa desaparecido.
José Bravo Aguilera, autor del libro De Carranco a Carrán, donde se narra la historia del grupo de miristas que intentaron un foco de resistencia a la dictadura en las montañas de Neltume a finales de 1973, también aportó datos relevantes. En ese libro se indica que “Anita” (la chapa política de Bernarda Vera), formó parte de ese intento, por lo que no había sido ejecutada a inicios de octubre del 73, que era la versión del Informe Rettig.
Bravo ratificó lo que aparece en el libro, y entregó más detalles. Dijo que luego de que en diciembre del 73 agentes de la dictadura mataron a dos integrantes del grupo (Mario Superby, de 23 años, y Hugo Vásquez, de 21), se disgregaron y que “Anita” quedó junto a cuatro de sus compañeros, y que escaparon hacia Argentina.
Los cinco que habrían cruzado la frontera a pie son Domingo Villalobos, «Lucía», también profesora, Svante Grände, «Danilo» y Bernarda Vera.
“Años después supe que ellos llegaron donde una familia en Neltume a fines de diciembre y le dijeron a esa gente que se irían a Argentina. Supe después por compañeros que estuvieron en Argentina y la vieron ahí que habían cruzado por el costado del Paso Hua-Hum y que pasaron unos tres meses en el Lago Lácar en el lado argentino en casa de un mapuche que los acogió”, indicó Bravo en comunicaciones vía correo electrónico y llamadas que comenzaron en marzo y siguieron durante todo 2024. Además concedió una entrevista presencial el 21 de abril pasado.
De “Anita” a “Carmen”
Un hallazgo de la investigación del PNB es el testimonio de un militante del MIR que habría cruzado a Argentina junto a Bernarda Vera: “Danilo” era su chapa. Hasta ahora no se ha dilucidado su identidad. Su relato aparece en la edición número 71 de Estrella Roja (marzo de 1976), la revista del Ejército Revolucionario del Pueblo (ERP), una organización armada que operó en Argentina, de inspiración guevarista, al igual que el MIR chileno, a la que se habrían incorporado Bernarda y sus compañeros luego de huir de Chile.
Según la versión de “Danilo”, fueron cinco quienes cruzaron la frontera. Entre ellos estaba Svante Grände, un ciudadano sueco que llegó a Chile como parte de un programa de colaboración de Suecia con la Unidad Popular y que luego militó en el MIR.

“Quedamos 5 compañeros: Dago (Domingo Villalobos), Julio (Svante Grände), 2 compañeras y yo (…) el 25 de diciembre nos fuimos de la zona, los helicópteros sobrevolaban a 200 mts. del campamento. El enemigo nos buscaba encarnizadamente. No teníamos ni ropa, ni documentos, ni dinero. El Sueco (Svante Grände) plantea que crucemos la cordillera, vayamos a la Argentina y allí nos conectemos con el MIR (…) Con la ayuda de la población cruzamos la cordillera en 15 días. En enero de 1974 llegamos a la Argentina con el escaso dinero que nos quedaba; habíamos vendido todo lo que teníamos; Julio fue a Buenos Aires y finalmente tomó contacto con el MIR […] Estuvimos viviendo durante 4 meses los cinco en una casa”, contó “Danilo”.
Sobre el eventual paso de Bernarda por Argentina, la periodista Pascale Bonnefoy entrevistó a un ciudadano argentino que actualmente vive en Suecia. Fue una entrevista por zoom realizada el 30 de abril de 2025. Comenzó cuando la investigadora le mostró una foto de Bernarda Vera:
“Reconoce los rasgos físicos de Bernarda Vera en la foto que se le exhibe, aunque dice que cuando la conoció en 1975 llevaba el pelo muy corto, con un corte al estilo “príncipe valiente”, con chasquillas”, indica el informe de mayo pasado sobre esa entrevista.
El entrevistado era militante del ERP, y cuenta que en agosto de 1975 lo convocaron junto a otras 10 personas en una casa en la zona norte de Buenos Aires. Se estaban concentrando para partir a la guerrilla en Tucumán, al norte de Argentina. Dice que en esa casa le presentaron a “Carmen”, una “compañera del MIR de Chile”.
“Carmen” sería el nombre político que utilizó Bernarda Vera en Argentina. El paso de “Anita” a “Carmen” no fue el único cambio brusco que habría vivido por esos años.
Una vida al límite
Según los antecedentes recopilados por la investigación del PNB, luego de abandonar el país a través de la cordillera, y de perder el contacto con su pareja (René Acuña), habría comenzado una relación con Domingo Villalobos (“Dago”), quien según el testimonio de “Danilo”, fue el jefe de grupo cuando abandonaron Chile.
“Dago” también era mirista y se incorporó a las filas del ERP. Murió en combate con efectivos del Ejército argentino el 28 de mayo del 75 en Tucumán. Después de eso, “Carmen” habría sido convocada a reforzar el trabajo guerrillero en esa provincia.
En pocos meses, Bernarda había perdido a sus dos compañeros más recientes. René Acuña fue secuestrado por la DINA, en Santiago, en febrero de ese mismo año. Aunque no hay certeza de que ella se haya enterado de esa detención. Pero sí estaba afectada por la muerte de “Dago”, según contó el militante del ERP entrevistado en la indagatoria:
“Nos formamos en grupos diferentes para viajar, cada uno con su historia. Íbamos en tren, algunos en pareja y otros solos, pero todos en el mismo vagón, sin hablarnos. A mí me tocó hacer ‘pareja’ con Carmen. Estuvimos los dos juntos durante todo el viaje a Tucumán, que fueron muchas horas (…) Durante el viaje conversamos mucho, y lo que me llamó la atención es que al poco rato me habló de su compañero, que yo no conocía. Eso era extraño, porque no se acostumbraba a hablar de cosas personales por un asunto de seguridad. Me contó que se llamaba Dago, era del MIR también y había caído un poco antes. Estaba conmovida por la muerte de Dago, fue reciente, y tal vez me lo contó porque sentía la necesidad de hablarlo”.
Ese viaje de Buenos Aires a Tucumán habría marcado el ingreso de Bernarda a la Compañía de Monte Ramón Rosa Jiménez del ERP. Según la lógica de esa organización, una compañía era la unión de tres pelotones de combatientes, y podían superar los 100 integrantes. En Tucumán apostaban por establecer un foco guerrillero rural.

Los informes del PNB recogen también el diario de campaña del general Acdel Vilas, del Ejército argentino, Comandante encargado de combatir al ERP en Tucumán. En ese diario se incluyen varios organigramas con la estructura que habrían tenido los guerrilleros a mediados de los ‘70. Identifica a los militantes por su “nombre de guerra” y por su “nombre legal”.
En un organigrama de mediados del 75, aparece una mujer que ocupaba por “nombre de guerra” “Carmen”, y cuya identidad real sería “B. R. Vera”, que podría ser la sigla de Bernarda Rosalba Vera. Vilas también la señala como la «compañera del Sgto. Dago, chileno«.
Otra entrevista incluida en la investigación del PNB coincide en que “Carmen” podría ser Bernarda Vera. Se trata de una ciudadana argentina, ex militante del ERP, que actualmente vive en Estocolmo, Suecia. Fue contactada por Pascale Bonnefoy por primera vez el 31 de mayo de 2024. Hubo otros intercambios por email entre junio de 2024 y marzo de 2025, mientras que la entrevista formal se realizó el 2 de abril pasado. Ella dijo que supo muy poco de la vida de la chilena militante del MIR, “salvo que “llegó a la Argentina con Svante” (el sueco).
Dice que la conoció en Argentina y que la vio algunas veces en Lund, Suecia. Contó que en Argentina Bernarda habría sido madre de un niño. “Vi al chico en Suecia. Era la copia exacta de su padre”, indicó en la entrevista la ex militante del ERP.
La misma mujer agrega que ella y “Carmen” salieron hacia Brasil más o menos en la misma época, a fines de 1977. Ambas habrían viajado bajo la protección de Acnur (Alto Comisionado de las Naciones Unidas para los Refugiados), que en esa época no tenía oficina en Argentina, pero sí en Brasil, por lo que tuvieron que pasar por el país carioca antes de embarcarse a su destino real: Suecia. Aseguró que Bernarda Vera habría llegado a Suecia con una pareja de nombre “Gabriel”, además de su hijo argentino.
La misma entrevistada dijo que en Suecia la vio pocas veces, solo cuando se reunían con la familia de Svante Grände, el sueco que militó en el MIR en Chile y que luego murió en la guerrilla del ERP. “Ella no contaba absolutamente nada de nada, pero creo que contó que tenía una hija de cuando era muy joven. Ella siempre fue muy misteriosa, no contaba muchas cosas, muy secreto todo, no se sabía bien por qué (…) Después desapareció sin despedirse de nadie, ni darle las gracias a nadie, ni a la familia de Svante, que la ayudó mucho con los trámites y con plata”.
Pistas en Suecia
Uno de los testimonios más relevantes que ha recogido la investigación del PNB es del hermano de Svante Grände, quien conoció a “Benny Vera” (así se hacía llamar) en Suecia. Dijo que eso fue en 1978, cuando ella se instaló en Lund.

“Ella trabajó inicialmente con Svante en Chile y puede haber sido una de las personas que atravesó las montañas a Argentina con él. Tenía dos niños cuando llegó a Lund (…) y después tuvo otro niño más (…) Aunque nos vimos muchas veces y les ayudé mucho, ella nunca habló de su pasado. Al principio nos dijeron que se llamaba Carmen, pero después ella se presentaba como Benny Vera”, indicó el hermano de Svante Grände en varios intercambios por email con Pascale Bonnefoy en mayo de 2024.
El mismo hombre agregó que “Benny Vera” era una mujer “muy privada, no se integró bien a la sociedad sueca y no permitía que le tomaran fotografías”.
Y agregó un dato clave, cuando contó que «Benny» y su familia se fueron repentinamente de Suecia, sin avisarle a nadie: «Luego de no saber nada de ellos durante varias semanas, fui a su departamento, pero no había nadie y el departamento estaba vacío. El vecino de al lado nos contó que ellos habían decidido mudarse repentinamente a Argentina”.
El periodista sueco Per-Ulf Nilsson concedió una entrevista telefónica y aseguró haber entrevistado a “Carmen” un par de veces durante 1986, como parte de su trabajo para la primera edición en sueco de su libro Y lo llamaron Julio, vida de Svante Grände.
“Nilsson dijo que entrevistó a “Carmen” sobre su experiencia militante con Svante Grände, tanto en el Complejo Maderero en Chile, como su salida clandestina a Argentina y estadía en Buenos Aires. Cree que cuando la entrevistó ella vivía en Helsingborg, cerca de Lund, y fue una fuente muy importante para su libro, porque era la única sobreviviente del grupo de Svante”, indica uno de los informes de la indagatoria.
El libro se publicó originalmente en Suecia en 1989. Allí se refiere siempre a “Carmen” cuando habla de la chilena que escapó del país junto a Svante Grände en 1973. En 2024 ese libro se editó en español en Chile, y ahí el nombre fue reemplazado por el de “Anita”, que era la chapa que Bernarda Vera utilizó en el país.
